Vasculitis: Inflamación autoinmune de los vasos sanguíneos

Vasculitis: Inflamación autoinmune de los vasos sanguíneos ene, 3 2026

La vasculitis no es una sola enfermedad, sino un grupo de trastornos raros en los que el sistema inmunitario ataca por error las paredes de tus propios vasos sanguíneos. Imagina que tus arterias, venas y capilares son carreteras que llevan oxígeno y nutrientes a todos tus órganos. Cuando se inflaman, es como si esas carreteras se cerraran, se estrecharan o se rompieran. El resultado: tejidos y órganos que no reciben lo que necesitan, y eso puede llevar a daños permanentes o incluso a la muerte si no se trata a tiempo.

¿Qué pasa dentro de tus vasos cuando tienes vasculitis?

Normalmente, tu sistema inmunitario se encarga de defender tu cuerpo de gérmenes como bacterias y virus. En la vasculitis, algo se descontrola. Las células inmunitarias, en lugar de atacar lo extraño, se vuelven contra tus propios vasos sanguíneos. Esa inflamación no es leve: destruye las capas de la pared del vaso, provoca coágulos, estrecha el paso de la sangre o incluso forma aneurismas -bolsas debilitadas que pueden reventar.

Lo más preocupante es que esto puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo. Puede empezar en la piel con manchas moradas, pero si avanza, afecta los riñones, los pulmones, los nervios o incluso el cerebro. Muchos pacientes pasan meses con dolores inespecíficos -fatiga, fiebre, pérdida de peso- antes de que alguien piense en vasculitis. Y eso es un problema, porque cuanto más tiempo pase sin tratamiento, más daño irreversible se acumula.

Clasificación: no es todo igual, depende del tamaño del vaso

Los médicos clasifican la vasculitis según el tamaño de los vasos que afecta. Esto es clave, porque cada tipo tiene síntomas, tratamientos y pronósticos distintos.

  • Vasculitis de vasos grandes: Afecta a las arterias más gruesas, como la aorta y sus ramas principales. El ejemplo más común es la arteritis de células gigantes, que suele aparecer después de los 50 años y ataca sobre todo las arterias temporales (las que están a los lados de la cabeza). Quienes la padecen suelen tener dolor de cabeza intenso, visión borrosa o incluso pérdida de visión repentina. Otra forma es la arteritis de Takayasu, más frecuente en mujeres jóvenes, que puede causar pulsos débiles en las muñecas y presión arterial desigual entre brazos.
  • Vasculitis de vasos medianos: Incluye la poliarteritis nodosa, que afecta arterias de tamaño medio en órganos como riñones, hígado o intestinos. También está la enfermedad de Kawasaki, que casi siempre aparece en niños menores de 5 años. En estos casos, la inflamación puede dañar las arterias coronarias del corazón, lo que lleva a aneurismas peligrosos si no se trata en las primeras semanas.
  • Vasculitis de vasos pequeños: Son las más comunes y también las más difíciles de diagnosticar. Incluyen la granulomatosis con poliangitis (antes llamada granulomatosis de Wegener), la poliangitis microscópica y la granulomatosis eosinofílica con poliangitis (antes Churg-Strauss). Estas suelen estar asociadas a anticuerpos llamados ANCA, que actúan como señales de alerta para los médicos. Atacan principalmente riñones, pulmones y nervios. Algunos pacientes tosen sangre, otros tienen orina con sangre sin dolor, y muchos sienten hormigueo o debilidad en manos y pies.

Síntomas: ¿cómo sabes si es vasculitis y no algo más?

Los síntomas de la vasculitis son tan variados que muchas veces se confunden con gripe, artritis o incluso depresión. Pero hay patrones que no se deben ignorar:

  • Manchas rojas o moradas en la piel, como pequeños puntos o moretones que no desaparecen
  • Dolor articular o muscular sin causa aparente
  • Fiebre persistente sin infección
  • Pérdida de peso sin dieta
  • Dificultad para respirar o tos con sangre
  • Dolor abdominal intenso o diarrea con sangre
  • Hormigueo, entumecimiento o debilidad en brazos o piernas
  • Dolor de cabeza severo, especialmente si tienes más de 50 años
  • Visión borrosa o pérdida repentina de la vista

Si tienes más de uno de estos síntomas y duran más de dos semanas, no lo ignores. Muchos pacientes esperan meses, incluso años, antes de que un reumatólogo piense en vasculitis. El retraso diagnóstico promedio es de 6 a 12 meses. Y en ese tiempo, el daño puede volverse irreversible.

Tres tipos de vasos sanguíneos representados estilísticamente: grande, mediano y pequeño, cada uno con sus características de inflamación y órganos afectados.

Diagnóstico: ¿cómo se confirma?

No existe una sola prueba que diga "sí, es vasculitis". El diagnóstico es como armar un rompecabezas. Los médicos juntan varios pedazos:

  • Análisis de sangre: Buscan marcadores de inflamación como la velocidad de sedimentación (ESR) y la proteína C reactiva (CRP). Si ambos están muy altos, es una señal de alerta.
  • Análisis de orina: Mira si hay sangre o proteínas. Esto es crucial, porque la vasculitis puede dañar los riñones sin causar síntomas visibles hasta que es demasiado tarde.
  • Anticuerpos ANCA: Son como huellas digitales. El c-ANCA apunta casi siempre a la granulomatosis con poliangitis, mientras que el p-ANCA está más ligado a la poliangitis microscópica. Su presencia no es suficiente por sí sola, pero es una pista poderosa.
  • Imágenes: Angiografías, resonancias magnéticas o tomografías pueden mostrar estrechamientos, aneurismas o bloqueos en los vasos.
  • Biopsia: Es el oro estándar. Tomar un pequeño trozo de tejido -de la piel, el riñón, el nervio o el seno nasal- y examinarlo bajo el microscopio revela la inflamación característica. En la piel, por ejemplo, se ve un patrón llamado "vasculitis leucocitoclástica", donde hay restos de células inmunitarias alrededor de los vasos.

El reumatólogo es quien coordina todo esto. No es un diagnóstico que un médico de cabecera pueda hacer solo. Si sospechas de vasculitis, pide una derivación.

Tratamiento: controlar la inflamación sin destruir tu cuerpo

El objetivo no es curar la vasculitis -aún no se puede- sino apagar la inflamación y evitar que vuelva. El tratamiento se adapta a qué tipo de vasculitis tienes, qué órganos están afectados y cuán grave es.

  • Corticoides: La prednisona es el primer paso en casi todos los casos. Se empieza con dosis altas para bajar la inflamación rápidamente, luego se reduce lentamente. Pero los corticoides tienen muchos efectos secundarios: aumento de peso, osteoporosis, diabetes, cataratas. Por eso, los médicos buscan formas de reducirlos.
  • Inmunosupresores: Medicamentos como la ciclofosfamida o el metotrexato calman el sistema inmunitario. La rituximab, que elimina células B específicas, ha revolucionado el tratamiento de la vasculitis ANCA-asociada. Es más precisa y menos tóxica que la ciclofosfamida.
  • Nuevos fármacos: El avacopan, aprobado en 2021, es un avance importante. Bloquea una proteína que activa la inflamación y permite reducir la dosis de prednisona en hasta 2.000 mg durante un año. Esto significa menos efectos secundarios y mejor calidad de vida.
  • Para arteritis de células gigantes: Además de la prednisona, ahora se usa tocilizumab, un fármaco que bloquea la interleucina-6, una molécula clave en la inflamación. Reduce la necesidad de esteroides y previene recaídas.
  • Para enfermedad de Buerger: La única solución es dejar de fumar. Si sigues fumando, ningún medicamento funciona. La vasculitis en las piernas y manos empeora hasta que se pierden dedos o se requiere amputación.

El tratamiento no termina cuando los síntomas desaparecen. La mayoría de los pacientes necesitan mantenimiento durante 18 a 24 meses, y algunos, toda la vida. Las recaídas son comunes: hasta el 50% de los pacientes con vasculitis ANCA-asociada las experimentan en los primeros cinco años.

Prognóstico: ¿puedes vivir bien con vasculitis?

Con tratamiento temprano y adecuado, muchas personas viven vidas normales. El 80-90% de los pacientes con vasculitis ANCA-asociada logran remisión. Pero el pronóstico depende de qué órganos se afectaron.

El llamado Puntaje de los Cinco Factores ayuda a predecir el riesgo. Si no hay daño en riñones, corazón, intestinos o nervios, la supervivencia a cinco años es del 95%. Pero si hay dos o más órganos afectados, baja hasta el 50%. Los daños en los riñones o los pulmones son los más graves.

Los niños con enfermedad de Kawasaki tienen un buen pronóstico si se tratan en las primeras dos semanas. Pero si no, hasta el 25% desarrollan aneurismas coronarios que pueden causar infartos años después. Por eso, el seguimiento cardiológico es vital.

Paciente en calma con símbolos médicos flotantes: pastilla, anticuerpo ANCA, riñón protegido y cigarrillo tachado, representando tratamiento y control.

Lo que nadie te dice: vivir con vasculitis

La vasculitis no es solo medicamentos y controles. Es un cambio de vida. Muchos pacientes se sienten solos. Nadie entiende por qué te cansas tanto, por qué tienes dolor sin razón, por qué no puedes hacer lo que antes hacías. La fatiga crónica es una de las peores secuelas, incluso cuando la inflamación está controlada.

El estrés, las infecciones y los cambios hormonales pueden desencadenar recaídas. Por eso, es clave cuidar tu salud general: dormir bien, evitar infecciones, hacer ejercicio suave y no fumar. Algunos pacientes encuentran que la nutrición antiinflamatoria -rica en verduras, pescado y frutas- les ayuda a sentirse mejor, aunque no reemplaza el tratamiento médico.

La investigación avanza. Hoy se estudian biomarcadores en la orina y la sangre para predecir cuándo va a volver la enfermedad. Pruebas como el MCP-1 o el BAFF podrían permitir ajustar el tratamiento antes de que ocurra una recaída. En ensayos clínicos, medicamentos como el mepolizumab y el abatacept muestran promesa para formas específicas de vasculitis, con reducciones de hasta el 50% en las recaídas.

La vasculitis es rara, pero no es un diagnóstico de muerte. Es una enfermedad crónica que requiere paciencia, vigilancia y un buen equipo médico. Si te diagnostican, no te rindas. Hoy hay más herramientas que nunca para controlarla. Y con el tiempo, muchos pacientes vuelven a trabajar, viajar, jugar con sus hijos y vivir sin miedo constante.

Preguntas frecuentes

¿La vasculitis es hereditaria?

No, la vasculitis no se hereda directamente como una enfermedad genética. Pero algunas personas tienen una predisposición genética que, combinada con factores ambientales como infecciones o exposición a ciertas sustancias, puede desencadenarla. No es algo que pases a tus hijos, pero sí puede haber un mayor riesgo en familias con otras enfermedades autoinmunes.

¿Puedo tener vasculitis si no tengo síntomas?

Sí, es posible. Algunos tipos, especialmente los que afectan a los riñones, pueden avanzar sin síntomas evidentes. Por eso, en pacientes con marcadores de inflamación elevados o anticuerpos ANCA positivos, los médicos hacen controles de orina y función renal incluso si te sientes bien. Detectar el daño temprano es lo que evita que se vuelva irreversible.

¿La vasculitis puede aparecer por tomar ciertos medicamentos?

Sí, en raras ocasiones. Algunos fármacos, como antibióticos, anticonvulsivos o medicamentos para la presión arterial, pueden desencadenar una forma de vasculitis llamada "vasculitis inducida por fármacos". Normalmente desaparece cuando se deja de tomar el medicamento, pero debe ser diagnosticada y manejada como cualquier otra vasculitis hasta confirmar su causa.

¿Es lo mismo vasculitis y arteritis?

La arteritis es un tipo de vasculitis. "Arteritis" significa inflamación de las arterias, y "vasculitis" es un término más amplio que incluye inflamación de cualquier vaso sanguíneo -arterias, venas y capilares. Entonces, todas las arteritis son vasculitis, pero no todas las vasculitis son arteritis.

¿Puedo hacer ejercicio si tengo vasculitis?

Sí, siempre que lo hagas bajo supervisión médica y durante períodos de remisión. El ejercicio suave, como caminar, nadar o yoga, mejora la circulación, reduce la fatiga y fortalece los músculos. Pero durante una recaída o si tienes daño en el corazón o los pulmones, debes evitar esfuerzos intensos. Tu reumatólogo o fisioterapeuta te guiará con un plan seguro.

Próximos pasos si sospechas de vasculitis

Si tienes síntomas persistentes y no encuentras explicación, no esperes a que empeoren. Haz esto:

  1. Reúne tus síntomas: anota cuándo empezaron, qué los empeora o mejora, y qué otros problemas tienes.
  2. Pide una analítica completa: ESR, CRP, función renal, orina completa y anticuerpos ANCA.
  3. Pide una derivación a un reumatólogo. No te conformes con un diagnóstico de "fatiga crónica" o "artritis" si no encaja.
  4. Si tienes dolor de cabeza con visión borrosa y tienes más de 50 años, no esperes: acude a urgencias. La arteritis de células gigantes puede causar ceguera en días.
  5. Si eres padre de un niño con fiebre prolongada, erupción, ojos rojos o labios agrietados, busca atención pediátrica inmediata. La enfermedad de Kawasaki se trata mejor en las primeras 10 días.

La vasculitis no es una sentencia. Es una señal de que tu cuerpo está luchando. Con el diagnóstico correcto y el tratamiento adecuado, puedes volver a vivir sin miedo a lo que viene.

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