Retos de fabricación de biosimilares: la complejidad de producir medicamentos biológicos similares

Retos de fabricación de biosimilares: la complejidad de producir medicamentos biológicos similares dic, 24 2025

Los biosimilares no son como los genéricos. Mientras que un genérico de paracetamol es una copia exacta química del original, un biosimilar es como intentar recrear un reloj de pulsera de lujo sin tener el plano original, solo una foto del resultado final. El problema es que este reloj está hecho de piezas vivas, que crecen en células humanas o animales, y cada pequeña variación en el proceso puede cambiar su funcionamiento. Biosimilares son medicamentos biológicos que imitan a un producto de referencia ya aprobado, pero no pueden ser idénticos. Su complejidad no está en la molécula en sí, sino en cómo se fabrica. Y eso es lo que hace que su producción sea uno de los mayores desafíos en la farmacéutica moderna.

La regla que lo cambia todo: «el proceso define el producto»

En la química de los medicamentos tradicionales, si mezclas los mismos ingredientes en las mismas proporciones, obtienes siempre el mismo resultado. Con los biosimilares, no es así. Dos lotes producidos en la misma fábrica, con los mismos ingredientes, pueden tener diferencias sutiles pero críticas. Por qué? Porque los biosimilares se fabrican en células vivas -como hamsters chinos u organismos modificados genéticamente- que actúan como pequeñas fábricas biológicas. Estas células no siguen instrucciones como una máquina. Responden al entorno: temperatura, pH, nutrientes, oxígeno, incluso la forma en que se agita el tanque de cultivo. Si cambias algo, cambias la proteína resultante. Eso es lo que significa «el proceso define el producto». No puedes simplemente copiar la receta del original. Tienes que descifrar cómo lo hicieron ellos, sin saberlo.

El enigma de la glicosilación: el sello molecular que nadie ve

Una de las mayores dificultades técnicas es la glicosilación: los azúcares que se adhieren a la proteína como decoración. Estos azúcares no están codificados directamente en el ADN. Se agregan durante el proceso de producción, y su forma exacta depende de la célula, el medio de cultivo, la presión de oxígeno, y hasta el tipo de tanque que se usa. Un cambio de 2% en la glicosilación puede hacer que el medicamento se limpie más rápido del cuerpo, que no se una bien a su objetivo, o que active una respuesta inmune inesperada. Imagina que el medicamento es una llave y el cuerpo es una cerradura. Si los dientes de la llave cambian ligeramente, puede no abrir la puerta… o peor, puede abrirla cuando no debería. Los fabricantes de biosimilares deben analizar cientos de atributos de calidad con tecnologías de última generación -espectrometría de masas, cromatografía de alta resolución- para mapear esta «huella molecular» del producto original y luego diseñar un proceso que la reproduzca. Sin acceso a los secretos del fabricante original, es como intentar cocinar un plato gourmet sin saber qué ingredientes usaron, ni cómo lo cocinaron.

Escalado: cuando lo que funciona en el laboratorio falla en la fábrica

Lo que funciona en un tanque de 5 litros no funciona en uno de 2,000 litros. Al aumentar la escala, cambian las dinámicas físicas: la mezcla no es uniforme, el oxígeno no se distribuye igual, la temperatura tiene zonas frías y calientes. Las células en un gran tanque se sienten diferentes. Algunas mueren, otras producen menos proteína, otras cambian su glicosilación. Los fabricantes deben reajustar todo: la velocidad de agitación, el flujo de aire, el modo de alimentación de nutrientes. Y esto no es un ajuste sencillo. Requiere cientos de experimentos, meses de pruebas, y costos que pueden superar los millones de dólares. Muchas empresas pequeñas no pueden permitirse invertir en tanques de gran escala, ni en los espacios necesarios para instalarlos. Algunas tienen que construir nuevas salas de producción solo para acomodar un equipo. Y si el equipo falla, pierdes un lote entero. No es como perder un frasco de pastillas. Es perder toneladas de producto biológico, hecho con células vivas, que costó semanas y millones de euros producir.

Tanque industrial de bioproducción comparado con un vaso de laboratorio, con flujos desiguales.

Cadena de frío y logística: el reloj se rompe si se cae

Los biosimilares son frágiles. No pueden exponerse a temperaturas altas, vibraciones, o incluso cambios bruscos de presión. Durante el llenado, transporte y almacenamiento, cualquier error puede dañar la proteína. Una bolsa de plástico que se rompe, un camión que se sacude demasiado, un refrigerador que se apaga por 10 minutos: eso puede arruinar un lote entero. El tiempo es crítico. Desde que se termina la producción hasta que se envasa y se envía, cada minuto cuenta. A diferencia de una pastilla que puede durar años en estantería, los biosimilares tienen ventanas muy pequeñas de estabilidad. Por eso, la logística no es un apéndice: es parte integral de la producción. Muchas empresas no tienen infraestructura propia para manejar esto y dependen de terceros, lo que aumenta el riesgo.

Regulación: una montaña de pruebas sin mapa

Para aprobar un biosimilar, no basta con decir que es parecido. Tienes que demostrarlo. Concientemente. Con datos. La FDA, la EMA y otras agencias exigen una cantidad enorme de evidencia: análisis químicos, estudios en animales, ensayos clínicos comparativos. No es un trámite. Es un proceso que puede durar más de cinco años y costar entre 100 y 300 millones de dólares. Y cada país tiene sus propias reglas. Lo que funciona en Europa no siempre sirve en Estados Unidos o en Japón. Las agencias exigen acceso a laboratorios de alta tecnología, con equipos que solo tienen las grandes farmacéuticas. Y no basta con una prueba. Tienes que demostrar consistencia en cada lote, durante toda la vida del producto. Si cambias un insumo, tienes que volver a validar todo. Si cambias el proveedor de nutrientes para las células, tienes que volver a hacer los análisis. Es como tener que aprobar un examen cada vez que haces un lote.

Frasco de biosimilar en transporte con grietas por calor y vibraciones, reloj marcando el tiempo.

La solución: tecnología, automatización y flexibilidad

Para superar estos retos, la industria está cambiando. Las tecnologías de uso único -tanques, tuberías y bolsas desechables- han revolucionado la producción. Eliminan la necesidad de limpiar y validar equipos entre lotes, reducen el riesgo de contaminación y permiten cambiar de producto en días, no en meses. La automatización también es clave. Sistemas cerrados y robóticos minimizan la intervención humana, lo que reduce errores y pérdidas. La tecnología de análisis en tiempo real (PAT, por sus siglas en inglés) permite monitorear la producción mientras sucede: si la glicosilación empieza a desviarse, el sistema alerta y ajusta automáticamente el pH o la temperatura. Y ahora, la inteligencia artificial está empezando a ayudar. Con algoritmos que aprenden de miles de datos históricos, las empresas pueden predecir qué cambios en el proceso podrían causar problemas antes de que ocurran. Esto no solo ahorra tiempo, sino que reduce el número de lotes rechazados.

El mercado: crece, pero solo para los que pueden pagar el precio

El mercado global de biosimilares pasó de 7.900 millones de dólares en 2022 a una proyección de 58.100 millones para 2030. Su crecimiento es rápido, impulsado por la expiración de patentes de medicamentos biológicos como Humira, Enbrel y Rituxan. Pero no todos pueden entrar. Solo las empresas con experiencia en biotecnología, laboratorios de alto nivel, y millones de dólares en inversión pueden competir. Las pequeñas empresas se quedan atrás. La capacidad de producción es limitada. Muchas fábricas no tienen espacio para más tanques. Y si no hay suficiente capacidad, un pequeño problema de calidad puede convertirse en una escasez de medicamentos. Por eso, la industria está invirtiendo en instalaciones flexibles, con sistemas de uso único que pueden adaptarse a múltiples productos. El mercado de equipos de bioprocesamiento de uso único crecerá de 12.900 millones en 2022 a casi 30.000 millones en 2029. Pero eso no es suficiente. La competencia se volverá más feroz. Solo sobrevivirán quienes dominen la ecuación: calidad + eficiencia + costo.

El futuro: biosimilares más complejos, mayores retos

Los próximos biosimilares no serán solo anticuerpos monoclonales. Están llegando versiones más complejas: anticuerpos bispecíficos, conjugados de anticuerpo-fármaco, proteínas de fusión. Estos productos requieren pasos adicionales: purificación extra, replegamiento de proteínas, ensamblaje de múltiples cadenas. Cada paso es una nueva oportunidad de fallar. Y cada uno exige validación propia. Si un biosimilar tiene cinco pasos de producción, y cada uno tiene un 99% de éxito, la probabilidad de que todo el lote sea perfecto es solo del 95%. En medicamentos biológicos, ese 5% de fracaso puede significar miles de dosis perdidas. El futuro no será más fácil. Será más técnico, más costoso, y más exigente. Quien lo domine, no solo ganará dinero. Salvará vidas al hacer medicamentos esenciales más accesibles.

¿Por qué los biosimilares no son iguales a los genéricos?

Los genéricos son copias químicas exactas de medicamentos pequeños, como el ibuprofeno. Se fabrican con reacciones químicas predecibles. Los biosimilares, en cambio, son copias de medicamentos biológicos, que son proteínas grandes producidas en células vivas. No pueden ser idénticos porque los procesos biológicos tienen variabilidad natural. Por eso se llaman «altamente similares», no «iguales».

¿Qué es la glicosilación y por qué importa en los biosimilares?

La glicosilación es la adición de cadenas de azúcares a las proteínas durante su producción. Estos azúcares afectan cómo el medicamento se comporta en el cuerpo: cuánto tiempo dura, cómo se une a sus objetivos, y si provoca reacciones inmunes. Incluso pequeñas diferencias en la glicosilación pueden hacer que un biosimilar funcione peor o cause efectos secundarios. Por eso, los fabricantes deben controlarla con precisión extrema.

¿Por qué es tan difícil escalar la producción de biosimilares?

Lo que funciona en un tanque pequeño de laboratorio no funciona en uno industrial. En grandes tanques, el oxígeno, la mezcla y la temperatura no se distribuyen igual. Las células reaccionan de forma diferente, lo que puede alterar la calidad de la proteína. Escalar requiere cientos de pruebas, ajustes y validaciones, lo que lleva años y millones de dólares.

¿Qué papel juega la automatización en la fabricación de biosimilares?

La automatización reduce errores humanos, minimiza el riesgo de contaminación y permite un control más preciso del proceso. Sistemas cerrados y robóticos pueden ajustar parámetros en tiempo real, como pH o temperatura, para mantener la consistencia del producto. Esto es clave para cumplir con los estándares de calidad exigidos por las agencias regulatorias.

¿Cuáles son los mayores obstáculos para que nuevas empresas entren en el mercado de biosimilares?

Los principales obstáculos son los altos costos de inversión en tecnología, la necesidad de laboratorios de análisis avanzados, la falta de experiencia en producción biológica, y las barreras regulatorias complejas. Además, la escala de producción requiere infraestructura costosa y espacio físico, que muchas empresas pequeñas no pueden permitirse.

8 Comentarios

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    Gonzalo Andrews

    diciembre 26, 2025 AT 03:27

    Esto no es solo ciencia, es una obra de arte fallida intentando imitar otra obra de arte. Y lo peor? Que si fallas, no solo pierdes dinero, pierdes vidas. Cada lote es un acto de fe en un sistema que no entiendes. No es producción, es exorcismo biológico.

    Y encima, las farmacéuticas grandes se quedan con el mercado porque tienen dinero para jugar al juego imposible. Las pequeñas? Se mueren en el intento. Esto no es libre mercado, es un cartel disfrazado de innovación.

    ¿Por qué no regulamos la glicosilación como un ingrediente? Porque no podemos medirla bien. Porque no queremos admitir que no sabemos cómo funciona lo que fabricamos. Nos escondemos detrás de 'altamente similares' como si fuera una excusa válida.

    La tecnología ayuda, sí. Pero no soluciona la raíz: estamos intentando controlar lo que no podemos entender. Las células no son máquinas. Son vida. Y la vida no se programa.

    Si esto es lo que tenemos ahora, imagina lo que viene: proteínas de fusión, anticuerpos bispecíficos. ¿Nos vamos a volver locos intentando reproducir lo que la naturaleza hace con una sonrisa?

    La medicina del futuro no será más barata. Será más cara, más frágil, y más misteriosa. Y nosotros, los pacientes, seremos los que paguemos por la ignorancia de los científicos.

    Esto no es progreso. Es un espejismo de progreso.

    ¿Alguien más se siente como si estuviéramos construyendo un avión con legos y luego esperando que vuele sin saber si las piezas encajan?

    La próxima vez que tomes un biosimilar, recuerda: no estás tomando un medicamento. Estás tomando un milagro mal calculado.

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    Sergi Capdevila

    diciembre 27, 2025 AT 17:15

    Claro, porque claro, los biosimilares son como intentar copiar a Picasso con un lápiz de colores de juguete. Pero la verdad? Nadie se molesta en decirlo en voz alta: esto es un fraude regulado. Si no son iguales, ¿por qué se aprueban? Porque las farmacéuticas quieren ganar dinero sin invertir en nuevos fármacos. Y los reguladores, que son ex-empleados de esas mismas empresas, firman papeles con los ojos cerrados.

    ¿Glicosilación? ¡Qué chorrada! Es un truco para justificar que no saben lo que hacen. Si fuera tan complejo, ¿por qué no lo hacen mejor desde el principio? Porque no les interesa. Les interesa vender. Punto.

    Y encima, ahora con IA y automatización, seguro que dentro de 10 años nos vendrán con un 'biosimilar 2.0' que es un 99,9% igual... pero que cuesta el doble. Porque el negocio no es la salud. Es el control.

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    Adriana Alejandro

    diciembre 27, 2025 AT 21:10

    Me encanta cómo todos hablan de 'glicosilación' como si fuera un término mágico. Yo no sé qué es, pero sé que cuando mi abuela tomó su biosimilar, le dio una reacción que no tenía con el original. ¿Casualidad? No. Es que nadie quiere admitir que esto es un experimento a gran escala con pacientes reales.

    Y claro, los laboratorios dicen que 'es seguro'. Pero seguro para quién? Para el accionista, seguro. Para el paciente, es una ruleta rusa con resultados medibles en miligramos y microgramos.

    La logística? ¡Ay, qué drama! ¿Alguien ha visto cómo se transportan los medicamentos en zonas rurales? En España, en pleno 2025, hay gente que recibe su dosis con 12 horas de retraso porque el camión se averió. ¿Y ahora nos hablan de 'cadena de frío' como si fuera un ballet? Es una tragedia griega con termómetros.

    La tecnología ayuda? Sí. Pero no soluciona el problema moral: estamos priorizando la eficiencia sobre la humanidad.

    Y no me vengan con que 'es más accesible'. Si no puedes permitírtelo, no lo tienes. Punto. La accesibilidad no existe si solo la tienen los ricos con buena cobertura.

    ¿Alguien se acuerda de cuando los genéricos de la aspirina costaban 5 céntimos? Ahora, un biosimilar cuesta 500 euros. Y nos dicen que es 'barato'.

    Me da asco.

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    Iván Trigos

    diciembre 28, 2025 AT 17:02

    La complejidad de los biosimilares es un reflejo de la evolución de la medicina misma: de lo simple a lo sofisticado. Lo que parece un obstáculo técnico es, en realidad, una oportunidad para rediseñar la producción farmacéutica desde una perspectiva más holística.

    La clave no está en copiar, sino en comprender. Cada variación en la glicosilación no es un error, es una señal. Cada lote fallido no es un fracaso, es un dato. Y cada ajuste en el proceso, aunque costoso, nos acerca a una comprensión más profunda de la biología.

    La automatización y la inteligencia artificial no son solo herramientas, son aliadas. Permiten que los científicos se enfoquen en el qué y el porqué, no en el cómo. El futuro no es eliminar la variabilidad, sino aprender a predecirla y gestionarla.

    El problema no es la tecnología, es la mentalidad. Si seguimos viendo los biosimilares como 'copias baratas', nunca los entenderemos. Pero si los vemos como medicamentos biológicos de nueva generación, con sus propias reglas, entonces sí podemos democratizar su acceso.

    Las pequeñas empresas no deben competir con los gigantes en su propio juego. Deben innovar en nichos: biosimilares para enfermedades raras, producción descentralizada, modelos de alquiler de tanques de uso único.

    La solución no está en copiar el pasado, sino en redefinir el futuro. Y eso, aunque lento, es posible.

    La medicina no es una carrera de velocidad. Es una maratón de precisión. Y quienes la corren con paciencia, ganan.

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    Alexandra Mendez

    diciembre 29, 2025 AT 21:40

    ¿Sabes qué es lo más ridículo de todo esto? Que nos venden esto como un avance científico, cuando en realidad es una concesión a la codicia corporativa. Los biosimilares no existen para salvar vidas. Existem para que las farmacéuticas puedan seguir cobrando 10.000 euros por dosis… pero ahora con una etiqueta que dice 'similar'.

    Y la glicosilación? ¡Ah, sí! Ese misterio sagrado que nadie puede explicar porque si lo explicaran, todo el edificio se caería. ¿Por qué no publican el protocolo original? Porque no lo tienen. Lo robaron. Y ahora lo intentan imitar como si fuera un pastel de cumpleaños con una foto de Instagram.

    La regulación? ¡Ja! La FDA y la EMA son las mismas empresas que crearon el medicamento original. ¿Crees que van a dejar que alguien lo haga mejor? No. Van a exigir 500 pruebas, 12 años de estudios, y 300 millones de euros… para que nadie pueda entrar.

    Y los que intentan? Se hunden. Como si fuera un juego de ajedrez donde solo tienen peones y tú tienes torres y reina.

    La IA? Claro, la IA va a solucionar todo. Mientras tanto, en los hospitales, las enfermeras tienen que elegir entre dar el biosimilar o dejar al paciente sin tratamiento.

    Esto no es ciencia. Es un teatro de sombras. Y nosotros, los pacientes, somos los títeres.

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    Amaia Davila Romero

    diciembre 30, 2025 AT 23:01

    ¿Alguien ha pensado que esto es una manipulación? Que todo esto de 'biosimilares' es un plan para que las grandes farmacéuticas controlen el mercado de medicamentos biológicos por 50 años más? Que los 'procesos únicos' no son para mejorar, sino para crear dependencia?

    ¿Y si la glicosilación no es un misterio biológico… sino un secreto artificial? ¿Y si las empresas originales saben exactamente cómo controlarla, pero no la revelan porque quieren que nadie más pueda replicarlas? ¿Y si la 'complejidad' es un invento para mantener el monopolio?

    ¿Por qué no se exige que el fabricante original entregue el proceso? Porque no quieren. Porque si lo hicieran, perderían el control. Y si pierden el control, pierden el dinero.

    La IA, los tanques de uso único… todo eso es una cortina de humo. Para que pensemos que están avanzando, mientras en realidad están cerrando puertas.

    Y los gobiernos? Están de acuerdo. Porque les conviene. Menos competencia, más control, más beneficios para los accionistas.

    Esto no es medicina. Es una operación de guerra económica. Y nosotros somos los soldados que pagamos con nuestra salud.

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    Andrea Coba

    enero 1, 2026 AT 12:59

    Yo creo que lo que importa es que al final, la gente pueda tener acceso a lo que necesita. No es perfecto, pero es mejor que no tener nada. Mi tío tiene artritis y con el biosimilar le va casi tan bien como con el original, y le cuesta la mitad. Eso es un milagro.

    No es que no entienda los problemas técnicos, pero… a veces, lo que es imperfecto sigue siendo bueno. Y si con esto se salvan vidas, ¿no vale la pena intentarlo?

    Yo sé que hay errores, que hay lotes que fallan… pero también hay muchos que funcionan. Y no deberíamos tirar la toalla por miedo a lo que no entendemos.

    La tecnología va a mejorar, lo sé. Y mientras tanto, que no se quede nadie sin tratamiento. Eso es lo que importa.

    Un poco de esperanza, ¿no? Porque si no, nos volvemos locos.

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    Luis Hinojosa

    enero 2, 2026 AT 12:11

    La producción de biosimilares es un ejemplo fascinante de cómo la biología moderna ha transformado la industria farmacéutica, pero también ha expuesto sus límites más profundos. Lo que antes era una cuestión de química pura -mezclar ingredientes en proporciones exactas- ahora se ha convertido en una disciplina interdisciplinaria que combina biología celular, ingeniería de procesos, análisis de datos masivos y control de calidad extremo.

    La escala industrial no es solo un problema de volumen, es un problema de dinámica. En un tanque de 5 litros, las células viven en un entorno homogéneo, casi ideal. En uno de 2.000 litros, hay gradientes de temperatura, de pH, de oxígeno disuelto, de shear stress. Es como intentar mantener la misma temperatura en toda una ciudad con un solo termóstat. Las células reaccionan de forma no lineal, y eso hace que la variabilidad sea inherente, no accidental.

    La glicosilación es el ejemplo perfecto: no es una molécula, es un fenómeno emergente. No se puede controlar directamente. Se controla indirectamente, manipulando el entorno. Y eso requiere una comprensión sistémica que la mayoría de las empresas no tienen.

    La automatización y la IA no son soluciones mágicas, pero sí son necesarias. Permiten manejar la complejidad que el cerebro humano no puede procesar en tiempo real. Pero también crean una nueva dependencia: si el sistema falla, no sabes qué pasó. Y si no sabes qué pasó, no puedes corregirlo.

    El futuro no será de grandes fábricas, sino de redes descentralizadas. Módulos pequeños, flexibles, interconectados. Donde cada lote se ajusta en tiempo real, no por intuición, sino por aprendizaje continuo.

    Y sí, es caro. Pero el costo de no hacerlo es aún mayor: más muertes, más sufrimiento, más desigualdad.

    Esto no es solo un reto técnico. Es un reto ético. Y la respuesta no está en la tecnología, sino en cómo decidimos usarla.

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