Esclerosis Múltiple: El Sistema Inmunitario Ataca el Sistema Nervioso

Esclerosis Múltiple: El Sistema Inmunitario Ataca el Sistema Nervioso ene, 28 2026

La esclerosis múltiple no es solo una enfermedad neurológica. Es un ataque interno, silencioso y devastador del propio sistema inmunitario contra el sistema nervioso central. Imagina que tus nervios son cables eléctricos recubiertos de plástico aislante. Ese aislante es la mielina. En la esclerosis múltiple, el cuerpo se vuelve contra sí mismo y empieza a destruirlo. Sin ese recubrimiento, las señales eléctricas que van del cerebro a las piernas, los ojos o la vejiga se ralentizan, se distorsionan o se pierden por completo.

¿Qué pasa dentro del cerebro y la médula espinal?

El sistema inmunitario está diseñado para defenderte de virus y bacterias. En la esclerosis múltiple, algo sale mal. Células inmunes -principalmente linfocitos T y B, macrófagos y microglía- atraviesan la barrera hematoencefálica, una especie de filtro que normalmente impide que cosas dañinas entren al cerebro y la médula espinal. Una vez dentro, estas células identifican erróneamente la mielina como una amenaza y la atacan.

Este ataque no es casual. Estudios de patología cerebral muestran cuatro patrones distintos de daño. En algunos casos, predominan los linfocitos T. En otros, se ven anticuerpos depositados en las lesiones. En los más graves, las células que producen mielina -los oligodendrocitos- mueren en masa. Lo más preocupante: el cuerpo pierde la capacidad de reparar ese daño. No es que los oligodendrocitos estén rotos. Es que el entorno inflamatorio los ahoga. Como si intentaras sembrar una planta en un terreno lleno de veneno.

¿Por qué ocurre esto?

No hay una sola causa. Es una mezcla de genética y entorno. Tienes que nacer con ciertos genes que te hacen más vulnerable. Pero eso no basta. Necesitas un desencadenante. Uno de los más claros es la infección por el virus de Epstein-Barr, que aumenta el riesgo hasta 32 veces. Otro es la falta de vitamina D. En regiones lejos del ecuador, donde hay menos sol, la esclerosis múltiple es más común. Fumar también duplica el riesgo de progresión. Y aunque no lo creas, vivir en ciudades con poca exposición a la naturaleza o con altos niveles de contaminación puede influir.

Las mujeres son casi tres veces más propensas a desarrollarla que los hombres. No se sabe exactamente por qué, pero se cree que las hormonas femeninas interactúan con el sistema inmunitario de formas que aún no entendemos del todo.

¿Qué síntomas ves en la vida real?

Los síntomas no son los mismos para todos. Dependen de dónde se dañe la mielina. Si la lesión está en el nervio óptico, puedes ver borroso o perder la visión en un ojo durante días o semanas -eso se llama neuritis óptica. Si afecta a la médula cervical, al inclinar el cuello sientes una descarga eléctrica que recorre la espalda: es el signo de Lhermitte. La fatiga es tan común que el 80% de las personas con esclerosis múltiple la describen como su peor síntoma, incluso más que el dolor o la debilidad.

El entumecimiento en manos o pies, la falta de equilibrio, la vejiga hiperactiva, los espasmos musculares, la dificultad para caminar... todo eso viene de la misma raíz: señales nerviosas interrumpidas. Algunas personas tienen episodios que vienen y van -eso se llama esclerosis múltiple remitente-recidivante-. Otras, desde el principio, van perdiendo funciones poco a poco -esclerosis múltiple progresiva primaria-. En ambos casos, el daño neuronal se acumula. Y con él, la discapacidad.

Células inmunes cruzando la barrera hematoencefálica mientras las células reparadoras están inactivas.

¿Qué tratamientos existen hoy?

Antes, solo se trataban los síntomas. Hoy se ataca la enfermedad en su raíz. Las terapias modificadoras de la enfermedad (TME) están diseñadas para calmar el sistema inmunitario. Ocrelizumab, por ejemplo, elimina las células B que producen demasiada inflamación. En estudios, reduce las recaídas en un 46% y ralentiza la progresión de la discapacidad en un 24% en la forma progresiva. Natalizumab impide que las células inmunes crucen la barrera hematoencefálica. Funciona muy bien, pero tiene un riesgo: una rara infección cerebral llamada leucoencefalopatía multifocal progresiva, que ocurre en 1 de cada 1.000 pacientes tras dos años de uso.

Los tratamientos no son perfectos. No curan. Pero sí cambian el curso de la enfermedad. Hace 20 años, la mitad de las personas con esclerosis múltiple remitente-recidivante necesitaban ayuda para caminar dentro de los 15 años. Hoy, con tratamientos tempranos, esa cifra bajó al 30%.

¿Hay esperanza para reparar lo dañado?

Sí. Y es lo más emocionante. La ciencia ya no solo quiere detener el daño. Quiere repararlo. En ensayos clínicos, el fármaco clemastina fumarato logró mejorar la conducción nerviosa en un 35% en pacientes con daño en el nervio óptico. Eso significa que, al menos en parte, el sistema nervioso pudo volver a recubrir los axones con nueva mielina. Otros estudios están probando células madre, anticuerpos que bloquean señales inflamatorias y terapias que activan los oligodendrocitos latentes.

Los investigadores también descubrieron que los neutrófilos -otro tipo de célula inmune- dejan trampas de ADN (NETs) en los vasos del cerebro, que rompen la barrera hematoencefálica y activan microglía. Eliminar esas trampas podría ser una nueva vía de tratamiento.

Reparación de la mielina neuronal activada por una molécula terapéutica en un entorno limpio y minimalista.

¿Qué se mide hoy para saber si la enfermedad avanza?

Antes, solo se confiaba en los síntomas y las resonancias. Hoy, hay biomarcadores. El nivel de cadena ligera de neurofilamento (sNfL) en sangre es uno de los más útiles. Si está por encima de 15 pg/mL, hay inflamación activa con una precisión del 89%. Esto permite ajustar el tratamiento antes de que aparezcan nuevos síntomas o lesiones en la resonancia. Es como un termómetro interno que te dice si el fuego sigue ardiendo.

¿Qué pasa en España?

En España, la prevalencia es de unos 120 casos por cada 100.000 habitantes -más alta que la media mundial, pero menor que en Escandinavia o Canadá. Se diagnostican unos 3.000 nuevos casos al año. La mayoría son mujeres entre 20 y 40 años. Los centros de referencia en Salamanca, Madrid, Barcelona y Bilbao ofrecen diagnósticos avanzados, terapias innovadoras y programas de rehabilitación personalizados. La clave está en actuar pronto: cuanto antes empieces el tratamiento, menos daño acumularás.

¿Qué sigue?

La investigación avanza rápido. Se están probando vacunas que entrenen al sistema inmunitario para no atacar la mielina. Se diseñan fármacos que protegen a los axones directamente. Y se exploran formas de regenerar tejido nervioso. El consorcio internacional Progressive MS Alliance ha invertido más de 65 millones de dólares en estos esfuerzos. No es un camino fácil, pero ya no es un camino sin salida.

La esclerosis múltiple no es una sentencia. Es una enfermedad compleja, sí. Pero cada vez hay más herramientas para vivir bien con ella. Lo que antes era un desastre progresivo, hoy puede ser una condición manejable, con calidad de vida, trabajo, relaciones y proyectos. La clave está en entender que no se trata solo de medicamentos. Es sobre cómo cuidas tu cuerpo, tu mente, tu entorno y tu futuro.

¿La esclerosis múltiple es hereditaria?

No es una enfermedad hereditaria en el sentido clásico. No se transmite como una enfermedad genética como la fibrosis quística. Pero sí hay una predisposición genética. Si tienes un familiar de primer grado con esclerosis múltiple, tu riesgo aumenta de 1 en 750 a 1 en 40. Eso significa que los genes juegan un papel, pero no son suficientes por sí solos. Necesitas un desencadenante ambiental, como una infección o deficiencia de vitamina D.

¿Puedo tener hijos si tengo esclerosis múltiple?

Sí. La esclerosis múltiple no afecta la fertilidad. Durante el embarazo, muchas mujeres experimentan una reducción en las recaídas, especialmente en el tercer trimestre. Sin embargo, hay un aumento del riesgo de recaída en los primeros meses tras el parto. Lo importante es planificarlo con tu neurólogo. Algunas terapias deben suspenderse antes del embarazo, y otras son seguras durante la lactancia. Muchas mujeres con esclerosis múltiple tienen familias felices y sanas.

¿El ejercicio ayuda o empeora la esclerosis múltiple?

El ejercicio es uno de los mejores tratamientos que tienes. No cura, pero mejora la fuerza, el equilibrio, la fatiga y el estado de ánimo. Estudios muestran que personas que hacen actividad física regular (caminar, natación, yoga o ciclismo) tienen menos recaídas y mejor calidad de vida. El problema no es el ejercicio, sino el calor. Muchos pacientes sienten que sus síntomas empeoran con el calor. Por eso, es clave entrenar en ambientes frescos, con hidratación y pausas.

¿La dieta puede cambiar el curso de la enfermedad?

No hay una dieta milagrosa que cure la esclerosis múltiple. Pero sí hay evidencia de que ciertos patrones alimenticios ayudan. Una dieta rica en vegetales, frutas, pescado azul, nueces y aceite de oliva -similar a la dieta mediterránea- reduce la inflamación. Evitar alimentos ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans también ayuda. Algunos estudios sugieren que una dieta baja en sodio puede reducir la actividad de la enfermedad. Lo que no se recomienda es seguir dietas extremas o sin base científica. Lo mejor es equilibrio, variedad y constancia.

¿Es cierto que el frío empeora los síntomas?

No, es al revés. El calor es el gran enemigo. Muchos pacientes sienten que sus síntomas -fatiga, visión borrosa, debilidad- empeoran cuando hace calor o cuando tienen fiebre. Esto se llama fenómeno de Uhthoff. El frío, en cambio, no suele afectar. Algunos incluso lo usan para aliviar espasmos. Lo importante es evitar el sobrecalentamiento: duchas frías, ropa ligera, aire acondicionado y evitar saunas o exposición prolongada al sol.

1 Comment

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    Mark Vinil Boya

    enero 29, 2026 AT 02:41

    Esto es una locura. Yo vi a mi tío con EM y al final no podía ni caminar. Nadie le dijo que el calor lo mataría más que la enfermedad. Ahora que lo leo, me doy cuenta de que lo dejaron morir por ignorancia.

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