Cálculos biliares: Cólico biliar, colecistitis y opciones quirúrgicas

Cálculos biliares: Cólico biliar, colecistitis y opciones quirúrgicas ene, 8 2026

Si has sentido un dolor intenso y repentino debajo de las costillas derechas, que te deja sin aliento y que no se va ni con antídotos ni con descanso, es posible que hayas vivido un cólico biliar. Este no es solo un malestar pasajero: es una señal clara de que algo más serio puede estar ocurriendo en tu vesícula. Los cálculos biliares son mucho más comunes de lo que mucha gente cree: entre el 10% y el 15% de los adultos en países desarrollados los tienen. Pero la buena noticia es que el 80% de ellos nunca sabrán que los tienen. El problema surge cuando uno de esos cálculos se atasca en el conducto cístico, bloqueando el flujo de bilis. Ese es el momento en que el dolor aparece, fuerte, constante y sin aviso.

¿Qué es el cólico biliar y cómo se siente?

El cólico biliar no es un dolor que venga y se vaya como un resfriado. Es un dolor repentino, que se instala en el lado derecho del abdomen o justo debajo del esternón, y que puede durar entre una y cinco horas. No mejora al vomitar, al soltarse gases o al ir al baño. Se siente como si alguien te estuviera apretando con una pinza interna. La intensidad sube rápido, alcanza su punto máximo en menos de una hora y luego baja lentamente. No es un dolor sordo: es agudo, profundo, y muchas veces se irradia hacia la espalda o el hombro derecho.

Este dolor ocurre porque un cálculo, generalmente de colesterol (que representa el 80% de los casos en Occidente), se queda atascado en el conducto que conecta la vesícula con el hígado. Cuando eso pasa, la vesícula se contrae sin poder liberar la bilis, y esa presión interna es lo que causa el dolor. Si el cálculo se mueve y se libera, el dolor desaparece. Pero eso no significa que el problema haya terminado. La Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP) asegura que más del 90% de las personas que tienen un primer episodio de cólico biliar volverán a tenerlo dentro de los 10 años. Dos tercios lo volverán a sufrir en solo dos años.

¿Cuándo el cólico se convierte en colecistitis?

El cólico biliar es una advertencia. La colecistitis es la consecuencia si no se actúa. Cuando el cálculo permanece bloqueando el conducto por más de varias horas, la vesícula empieza a inflamarse. Eso es colecistitis aguda: una infección o irritación grave que puede llevar a fiebre, náuseas intensas, piel amarillenta (ictericia) y un dolor que ya no es episódico, sino constante y que empeora al tocar el abdomen.

Alrededor del 20% de los episodios de cólico biliar terminan en colecistitis. Y si el cálculo se desplaza hacia el conducto biliar común, puede bloquear también el flujo de bilis hacia el intestino, causando ictericia o incluso pancreatitis -una inflamación del páncreas que puede ser mortal. El NHS de Reino Unido reporta que, sin tratamiento, entre el 20% y el 30% de las personas con cálculos sintomáticos terminan en el hospital de urgencia dentro de los cinco años.

La clave está en reconocer los signos de alarma: dolor que no cede, fiebre, orina oscura, heces claras, o piel amarilla. Si tienes alguno de estos síntomas, no esperes. La colecistitis no se cura con analgésicos. Necesita atención médica inmediata.

¿Qué causa los cálculos biliares?

No es cuestión de comer demasiada grasa, aunque eso puede empeorar los síntomas. Los cálculos se forman por un desequilibrio químico en la bilis. Cuando hay demasiado colesterol, demasiada bilirrubina o cuando la vesícula no se vacía bien, los componentes de la bilis se solidifican y forman piedras.

En Occidente, el 80% de los cálculos son de colesterol. El otro 20% son de pigmento, hechos de bilirrubina, y suelen estar asociados con enfermedades de la sangre, como la anemia falciforme, o infecciones crónicas de la vesícula. Factores de riesgo incluyen ser mujer (dos a tres veces más frecuente que en hombres), tener más de 40 años, estar sobrepeso, haber tenido varios embarazos, tener antecedentes familiares, o pertenecer a ciertos grupos étnicos: los hispanos tienen un 45% más de riesgo que los blancos no hispanos, según la encuesta NHANES de 2023.

La obesidad es uno de los mayores impulsores. En Estados Unidos, casi 40% de los adultos son obesos, y esa tendencia está elevando el número de casos en todo el mundo. Las dietas rápidas, los ayunos prolongados y la falta de actividad física también aumentan el riesgo, porque ralentizan el vaciamiento de la vesícula.

Cirujano realizando una colecistectomía laparoscópica con instrumentos mínimos y vesícula siendo extraída.

Las opciones de tratamiento: ¿medicina o cirugía?

Hay dos caminos: aliviar el dolor ahora, o resolver el problema para siempre.

Para el dolor agudo, los analgésicos son la primera línea. Un estudio de la AAFP mostró que el ketorolaco (un antiinflamatorio) y la meperidina (un opioide) alivian el dolor por igual. Pero el ketorolaco tiene menos efectos secundarios: solo el 12% de los pacientes tuvieron náuseas o mareos, frente al 28% con meperidina. Por eso, los médicos hoy prefieren los antiinflamatorios.

Pero eso solo es una solución temporal. La única manera de evitar que el dolor vuelva, o que se convierta en una emergencia, es extirpar la vesícula. Eso se llama colecistectomía. Y hoy, el 90% de estas cirugías se hacen por laparoscopia: pequeñas incisiones, una cámara y herramientas finas que permiten extraer la vesícula sin abrir todo el abdomen.

La cirugía laparoscópica tiene ventajas claras: estancia hospitalaria promedio de 1.2 días (frente a 4.7 en la cirugía abierta), menos dolor después, y recuperación en unos 7 días, no en 30. La tasa de complicaciones es inferior al 2% en manos experimentadas. Y la satisfacción del paciente es del 95%, según el Dr. David Flum, cirujano de la Universidad de Washington.

¿Hay alternativas a la cirugía?

Sí, pero con muchas limitaciones. La terapia con ácido ursodeoxicólico puede disolver cálculos pequeños de colesterol, pero solo funciona en el 30-50% de los casos, y toma entre 6 y 24 meses. Y cuando se deja de tomar, los cálculos vuelven en el 50% de los pacientes en cinco años. No es una opción real para alguien que ya ha tenido un episodio grave.

La litotricia por ondas de choque, que rompe los cálculos con pulsos de energía, combinada con medicamentos, lograba buenos resultados en el pasado -hasta un 90% de éxito en piedras únicas y pequeñas. Pero hoy casi no se usa. La razón: los fragmentos pueden bloquear conductos, causando pancreatitis, y la recurrencia es alta. No compensa el riesgo.

En pacientes muy mayores o con múltiples enfermedades, donde la cirugía es peligrosa, ahora se usan técnicas como el drenaje guiado por ecografía endoscópica. Aprobada por la FDA en 2023, esta técnica permite aliviar la inflamación sin quitar la vesícula, y funciona en el 85% de los casos. Pero es temporal. Es un puente, no una solución.

Línea de tiempo ilustrada: formación de cálculos, complicaciones y recuperación post-cirugía.

¿Cuándo se recomienda la cirugía?

La Sociedad Americana de Cirujanos Gastrointestinales y Endoscópicos (SAGES) dice claro: si tienes síntomas, y eres apto para cirugía, la colecistectomía debe hacerse. No esperes. Si tienes colecistitis aguda, la cirugía debe hacerse dentro de las 72 horas. Así se reduce el riesgo de tener que pasar a cirugía abierta, de un 25% a solo un 7%.

Un estudio de 69 pacientes mostró que el 64% de los que optaron por esperar terminaron operándose dentro de 5.6 años. Eso significa que casi todos los que evitan la cirugía al principio, la terminan necesitando más tarde -y con más complicaciones.

Pero no todos son candidatos. La Dra. Emily Finlayson, de la UCSF, advierte que en personas mayores de 75 años con tres o más enfermedades crónicas, el riesgo de morir en los 30 días posteriores a la cirugía sube del 0.1% al 2.8%. En esos casos, se evalúa cada riesgo individual. A veces, el mejor tratamiento es el manejo conservador, con controles regulares y medicamentos para controlar el dolor.

¿Qué pasa después de la cirugía?

La mayoría de las personas se sienten mucho mejor. Un estudio en Healthline con 1,243 pacientes encontró que el 78% eligió la cirugía después de haber tenido en promedio 3.2 episodios de dolor intenso. Muchos dijeron que el factor decisivo fue haber tenido que ir a urgencias.

Después de la cirugía, la mayoría puede caminar en 4 horas y tomar líquidos en 6. La mayoría sale del hospital en menos de 24 horas. En dos semanas, muchos ya están de vuelta en su rutina normal. Una mujer de 45 años, descrita en el boletín del Cleveland Clinic, tuvo 17 episodios de dolor en 18 meses. Después de la cirugía, el dolor desapareció en 10 días. Volvió a correr en dos semanas.

Pero no todo es perfecto. El 12% de los pacientes tienen diarrea crónica después de la cirugía, porque la bilis ahora fluye directamente al intestino sin almacenarse. El 6% desarrollan el síndrome post-colecistectomía: dolor persistente, hinchazón, digestiones lentas. No es común, pero sí real. Y muchas veces se debe a un diagnóstico erróneo original: el dolor no era de la vesícula, sino de otra cosa.

Lo que nadie te dice: el costo del retraso

En Estados Unidos, se hacen 700,000 colecistectomías al año. Eso representa 6,200 millones de dólares en costos sanitarios. Pero el verdadero costo no es económico: es personal. Las personas que esperan suelen perder días de trabajo, descuidan sus familias, y viven con miedo a que el dolor vuelva. Una encuesta reveló que el 41% de los pacientes vieron a tres o más médicos antes de que les dijeran la verdad: "Tienes cálculos biliares".

Y en muchos casos, el dolor no se manejó bien. El 29% dijo que durante sus episodios agudos, no recibieron alivio adecuado. Eso no es culpa del paciente. Es un fallo del sistema: muchas veces, el dolor de vesícula se confunde con indigestión, gastritis o incluso un ataque cardíaco.

La buena noticia es que hoy tenemos las herramientas para actuar rápido, con precisión y con seguridad. La cirugía laparoscópica es eficaz, segura y accesible. No es una decisión menor, pero tampoco es un último recurso. Es la mejor forma de recuperar tu vida sin tener que vivir con el reloj en contra.

¿Puedo vivir sin vesícula?

Sí, y muchas personas lo hacen sin problemas. La vesícula solo almacena bilis, pero el hígado sigue produciéndola. Después de la cirugía, la bilis fluye directamente desde el hígado al intestino. La mayoría se adapta en semanas. Algunos tienen diarrea leve al principio, especialmente después de comidas grasas, pero eso suele mejorar con el tiempo. No necesitas una dieta especial para siempre, pero evitar comidas muy cargadas de grasa en las primeras semanas ayuda.

¿Por qué me duele después de la cirugía si ya me quitaron los cálculos?

Si sientes dolor después de la cirugía, no significa que los cálculos volvieron. Lo más probable es que tengas el síndrome post-colecistectomía, que afecta al 6% de los pacientes. Puede deberse a espasmos en los conductos biliares, a una cicatriz que comprime el conducto, o a que el dolor original no era de la vesícula. En algunos casos, hay un cálculo residual en el conducto común que no se vio antes. Se diagnostica con una ecografía o una colangiopancreatografía por resonancia magnética (MRCP). No es común, pero sí tratable.

¿La cirugía laparoscópica siempre es la mejor opción?

En la mayoría de los casos, sí. Pero si la vesícula está muy inflamada, con muchas adherencias o si hay complicaciones durante la cirugía, el cirujano puede tener que cambiar a una cirugía abierta. Esto ocurre en el 5-10% de los casos. También, en pacientes muy obesos o con múltiples cirugías anteriores, el riesgo de complicaciones es mayor. No es una contraindicación, pero sí un factor a considerar. Lo importante es que la cirugía se haga por un equipo experimentado: los cirujanos necesitan hacer entre 20 y 40 procedimientos para dominar la técnica.

¿Qué pasa si decido no operarme?

Puedes vivir sin operarte, pero correrás riesgos. El 20-30% de las personas con cálculos sintomáticos terminan en urgencias por colecistitis, pancreatitis o obstrucción del conducto biliar. Estos episodios son más peligrosos que la cirugía programada. Además, cada nuevo episodio de dolor aumenta la inflamación y el riesgo de complicaciones. No es una decisión pasiva: es una apuesta con tu salud. La mayoría de los que esperan terminan operándose más tarde, con más complicaciones y una recuperación más lenta.

¿Existe una forma de prevenir los cálculos biliares?

No hay una garantía, pero sí puedes reducir el riesgo. Mantener un peso saludable, perder peso lentamente (no más de 1-2 kg por semana), y comer con regularidad -evitando ayunos largos- ayuda a que la vesícula se vacíe bien. Las dietas ricas en fibra y bajas en grasas saturadas también son protectores. El ejercicio regular mejora la motilidad biliar. Si tienes antecedentes familiares o eres mujer, ser consciente de estos factores puede ayudarte a detectar síntomas antes.

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